Creo que fue San Francisco de Sales quien dijo que un santo triste es un triste santo. Y Marcelo Spínola, nuestro fundador, a quien hoy hemos celebrado y homenajeado, no era nada triste. Aunque parezca en tantas fotos seriote y taciturno (¿taciqué? míralo en el diccionario, niño). Yo, que llevo 43 años (uff) oyendo hablar de él (a mi tía Estrella, que volvía del Japón alternando historias orientales con las de Marcelo, a mis monjas de parvulitos en mi primer cole de Chamartín, a mis compañeras de trabajo hermanas esclavas desde hace 20 años...). Bueno, decía que yo, que llevo un ratito oyendo hablar de él y viendo sus fotos, nunca había visto esta: muerto de risa. Y ayer mismo descubrí por qué ¡tenía una mella! Por eso ponía esta cara tan graciosa cuando se reía.Sí, este hombre tan serio que me ha acompañado durante toda mi vida -siempre como en un segundo plano- era mellado y, probablemente, algo coqueto o vergonzoso de esa mella. Y tenía un gran sentido del humor. Lástima que tantas veces los que le rodeaban y los que le rodeamos hoy nos empeñemos en ponernos tan serios y en ponerle serio, y nos perdamos esta guasa y este gesto de chiquillo.
Pues nada, Beato (que en latín significa feliz) Marcelo Spínola, ruega por nosotros y ayúdanos a reírnos más, sin miedo a que los demás descubran con nuestra risa todas nuestras mellas.
P.D. Aquí van unas cuantas fotos del acto de hoy en la catedral. No es que mi móvil sea malo: es que he pasado las fotos por un complejo proceso de retocado para que no se distingan bien las caras, je, je
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