Fernando Solano nos manda la crónica de su reciente viaje a Nueva York. Y todos le envidiamos. Fernando, por favor, en el próximo ¡llévanos contigo!
New year eve
in the city.
Después de
aterrizar en el aeropuerto de Newark con unas vistas maravillosas de
Manhattan, nos dirigimos al centro de la city, al centro de
Manhattan, al mítico distrito de Greenwich Village, al apartamento
que teníamos alquilado para nuestras vacaciones de año nuevo.
Siempre que
visito una ciudad nueva que no he conocido nunca antes, pero que está
tan mitificada como es el caso de Nueva York, tengo la sensación de
haber estado antes en ella, bien en mi imaginación, a través de
otras personas que ya han estado allí, o de los maravillosos medios
que facilitan hoy las nuevas tecnologías; en otras palabras, el
Google map de Nueva York lo tenía más gastado que la suela de unos
zapatos viejos. Estaba en Nueva York, al otro lado del atlántico, en
la ciudad de referencia para tantas cosas en el mundo, la economía,
el arte, el diseño, la investigación, la moda, las compras…
todavía hoy me cuesta asimilar que he estado paseando por la mítica
Quinta Avenida, por Lexington Ave, Park Ave, caminando por Central
Park y el edificio Dakota, famoso por el asesinato de John Lennon y
donde todavía vive la mítica Lauren Bacall.
Mención a
parte merece el mundo de los museos, todos de referencia a nivel
mundial. Desde el mastodóntico e inabarcable Metropolitan Museum,
hasta la espectacular y fascinante Frick Collection, pasando por el
Salomon R. Guggeheim en Manhattan, el MOMA o la Hispanic Society of
America, museo desconocido para los neoyorquinos pero visita obligada
para los españoles que visitamos la ciudad por la colección de arte
hispano que atesora, gracias al celo de Archer Milton Huntington;
creo que al final sufría un poco del llamado Síndrome de Sthendal.
Otro elemento
muy importante a tener en cuenta cuando se visita la ciudad, es
dedicar un tiempo a pasear por la mítica quinta avenida, visitar la
archiconocida Tiffany, en la que te parece que vas a encontrar a
Audrey Hepburn y a George Peppard en cualquier mostrador de la
joyería, o ver los escaparates de Cartier, sin olvidar el paseo por
los míticos Bergdorf & Goodman, los grades almacenes de la
quinta avenida en los que puedes encontrar las marcas de referencia
en el mundo, o los no menos conocidos de Bloomingdales, de los que
Andy Warhol, artista pop de referencia mundial, convirtió su mítica
big brown bag en un objeto de culto.
No podemos
terminar este brevísimo relato de las vacaciones de año nuevo en
Nueva York sin hablar de Broadway y sus espectáculos. Para quien no
conozca el género, con ver un musical tiene más que suficiente,
pero si te apasiona y uno de los puntos destacados de tu visita es
verlos, estás perdido. Puedes acudir todos los días a uno
diferente, y los miércoles y los sábado puedes hacer doblete ya que
todavía hay matinales. La media de edad del público asistente es
bastante elevada, a excepción que intervenga algún famoso, como fue
el caso del espectáculo de Hugh Jackman o del musical “How to
succes in Business…” en el que estaba Daniel Radcliffe y fue
sustituido por uno de los actores de la serie Glee, por lo que el
número de teens que llenaba el teatro era más que considerable.
Bueno termino
ya, porque esto sería un no acabar por la reexperiencias que todavía
no he digerido y que me irán aflorando cuando pase el tiempo, y
recuerde, mire fotografías, recortes, noticias… Sólo quiero
terminar recomendando a todos los lectores que viajen, que viajando
se cura hasta el fascismo, que los viajes dan muchísimas vivencias y
experiencias, especialmente en una cultura tan igual y a la vez tan
diferente como esta del mundo globalizado en el que vivimos.
Fernando
Solano.
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