¡Las vueltas que da (y
nos da) la vida! Tantos años compartiendo sala de profes, recreos,
evaluaciones, buenos y malos momentos y va y nos llega la noticia de
que ¡¡se marcha!!
¿Será posible? ¿Puede
ser que este ca…si perfecto profesor de Biología haya decidido
cambiarnos por un puñado de infectos tiburoncejos?
¡Que sí, que sí! ¡Que
hasta ha llegado la persona que le va a dar el relevo!
¿Y “ahonde” se va?
Llegados a este punto la
información se vuelve un poco confusa: hay quien dice (esto parece
lo más fidedigno) que se va trabajar en biología marina a
Massachussets. Otros (algo despistadillos con la geografía) juran
que ha dicho a Machu Pichu; ¿quién sabe si hay alguna rara especie
terrestre de tiburón andino aún por descubrir? Los más osados
dicen que se va a plantar en el mismísimo corazón de Manhattan, muy
urbanita él, en busca de los tiburones urbanos que abundan en los
barrios neoyorquinos (en España también los hay, solo que aquí,
curiosamente, se les llama “buitres”).
Bueno, pues al final,
después de revolucionar al personal durante varios días, ha
resultado ser todo una simpática broma- ¿¿José Antonio gastando
bromas??- y parece que disfrutaremos (o sufriremos) durante algún
tiempo más, ya apenas diez añitos, de la presencia de este peculiar
personaje y querido compañero.
En cualquier caso, hemos
hecho una encuesta entre los profes planteando estas preguntas:
¿CÓMO
SERÍA/QUÉ PASARÍA EN EL COLEGIO SIN JOSÉ ANTONIO?
¿HAY
VIDA MÁS ALLÁ DE JOSÉ ANTONIO?
¿TE
GUSTARÍA DECIRLE ALGO EN SU DESPEDIDA?
Y aquí están las
respuestas:
¿Quién
nos metería ya en la papelera verde?
¿Quién
dedicaría canciones de Loquillo por la ventana? (Eva, muy poética
ella)
En
pocas palabras: nada sería igual. (Mercedes, lacónica pero locuaz)
Tendríamos
que adquirir una docena de pollitos piones y un paquetón de cohetes,
para no perder las bandas sonoras con las que José Antonio nos
ameniza en el día a día. (Madrona, a rey muerto, rey puesto; hay
que ser prácticos)
Pues
que los días serían más aburridos, porque tiene unas ocurrencias
únicas. (Fernando, real como la vida misma)
Que
reinaría la paz. (Miguel, pacífico y utópico)
Sin
él no sería tan divertido. Habría que buscar otra persona con el
mismo espíritu carnavalesco, sangre rojiblanca y bajo
colesterol. Además, los desayunos nunca serían los mismos sin él.
Los claustros, por supuesto, tampoco. No sé si el colegio
resistiría...ni siquiera tras sus más de cien años de historia.
(José Luis, muy filosófico)
Se
haría el silencio en la sala de profes, pero sería una sala sin
alegría, ni chistes, ni chascarrillos, ni piropos agradables... en
fin sería un cambio climático importante. (Adelaida, preocupada por
el medio ambiente laboral)
Sin
duda, no. Pasa como con Atila, a su paso no queda títere con cabeza.
Es la selección natural, si José Antonio tira “palante” la vida
tira “patrás”. Claro como el agua clara.
No
lo sé, probablemente sí aunque siempre diferente, eso no hay que
dudarlo.
No
lo sé, pero con él no hay vida.
Tendría
que experimentarlo. En mi vida académica e incluso privada, lleva
muchos años, compartiendo conmigo días de clase, tutorías, viajes,
copitas, comidas etc... No estoy preparada para una vida más allá
de Joseph Anthony.
Carpe
diem, rubito; y no te olvides de llenar tu maleta de todos los buenos
momentos vividos hasta ahora. Yo, desde luego, los recordaré y te
echaré de menos. Por cierto tendrás que aprender a decir en inglés
esa práctica expresión de “darle la vuelta la burra a los
chochos” ¿no?
Prepárate
bien para el frío que en Massachusetts hace un poco más que en la
Alfalfa, por ponerte un sitio de referencia, o que en la plaza del
Salvador, jajajaja
Que
te den... Ja, ja, ja.
Sí.
Aprende inglés cuanto antes palangana, porque de lo contrario vas a
pasar mucha hambre, más con los tiempos que corren. Y que sepas que
a la Macarena y a la Buena Muerte no puedes llevártelos. Se quedan
aquí. Deseo mucha suerte para los habitantes de Massachusetts,
seguros sufridores de tu singular presencia. ¿Sobrevivirán?
Le
cantaría como al Papa "No te vayas todavía no te vayas por
favor..." (qué propio pero tiene un toque flamenquito)
Y hay quien se ha
atrevido a imaginar cómo podría ser la llegada de José Antonio al
Nuevo Mundo; así lo ve Rafa:
Machupichufield,
estado
de
Massachusetts,
ocho
y
cuarto
de
la
mañana.
En
la
sala
de
profesores
del
Botanical
Smithsonian
High
School,
la
señorita
Carter-Bowls,
profesora
de
literatura
inglesa,
arregla
disimuladamente
su
moño,
rubio,
algo
envejecido
y
alto,
con
unos
toques
disimulados de
sus
pecosas
manos,
mientras
mira
de
reojo
por
si
alguien
hubiese
entrado
sin
hacerse
notar.
Le
habían
contado
que
esa
mañana
llegaba
un
apuesto
profesor
proveniente
de
la
muy
europea
ciudad
de
Sevilla,
Spain,
lugar
lleno
de
historia
y
del
nada
menos
que
el
aristocrático
High
School
de
Las
Esclavas,
ella
se
había
informado,
fundado
por
todo
un
marqués
de
la
Vieja
Europa.
A
sus
cincuenta
años
recién
cumplidos,
la
señorita
Carter-Bowls
tenía
la
figura
juncal
de
una
veinteañera,
la
prestancia
de
una
princesa
y
el
corazón
por
estrenar.
Algo
le
decía
que
aquel
día
su
vida
iba
a
cambiar.
Ninguno
de
sus
compañeros
le
había
atraído
nunca.
Pero,
lo
sabía,
hoy
su
vida
entraba
en
una
nueva
etapa.
Algo
se
oía
por
el
pasillo
que
llevaba
a
la
sala
de
profesores.
A
la
señorita
Carter-Bowls
le
dio
un
salto
el
corazón
e
intentó
identificar
el
sonido.
Una
especie
de
quejío
muy
suave
– ay
ay
ay
ayaaa
ayyyya
ayaaaa!
– que
fue
creciendo
en
volumen
hasta
sonar
de
forma
atronadora.
La
señorita
Carter-Bowls
no
entendía
muy
bien
aquello,
así
que
intentó
repetirlo
en
voz
baja
– ñoreoigaaaa,
waleeeeparaoiiiiiii,
ricobombomneladooooo…-
¿Bomboun
heladou?,
se
pregunto
Rebeca,
que
así
se
llamaba
la
señorita
Carter-Bowls.
En
ese
momento,
como
si
un
tifón
hubiese
arribado
de
pronto,
se
abrió
la
puerta
de
la
sala
y
tras
unos
abdominales
plenos
de
tabletas
apareció,
enfundado
en
un
polo
de
color
naranja
y
con
unos
vaqueros
azules,
quien
no
podía
ser
otro
que
el
europeo
recién
llegado:
-
nosdiasnosdedios
parte
su
santoreinoamennnn…-
la
señorita
Carter-Bowls,
en
estado
de
shock,
se
levantó
mirando
alrededor
como
quien
busca
una
cámara
oculta.
El
desconocido
se
dirigió
hacia
ella,
por
lo
que
tendió
su
delicada
mano
pecosa.
Con
un
tirón,
el
desconocido
le
envolvió
la
mano
en
la
suya,
ella
trastabilló
hacia
delante,
aunque
pudo
salvarse
de
la
caída
gracias
al
airbag
que
el
hombre
le
prestó
de
forma
interesada.
Sonaron
dos
sonoros
besos
a
la
vez
que
chocaban
sus
respectivas
gafas.
-
Santonio,
preeeesente!
Para
servirle
a
Dios
y
a
usted…
Becca,
my
name
is
Becca…
Becca?
So
qué
es
lo
que
es?
Rebeca,
my
name
is
Rebeca,
glad
to
meet
you…-
en
ese
momento
sus
pies
se
levantaron
del
suelo
como
si
estuviese
flotando
por
arte
de
magia
y
se
vio
sobre
la
enorme
mesa
de
la
sala…
-
Hay
una
especie
de
cabra
montesa
que
se
llama
rebeco…-
le
decía
el
recién
llegado
mientras
la
miraba
a
los
ojos
desde
abajo.
Ella
le
tendió
los
brazos
– ou,
please,
can
you
take
me…-
sonó
el
teléfono
y
el
desconocido
lo
descolgó
dejándola
a
ella
allí
– Cuartel
de
la
Guardia
Civil,
tronó
él,
brigada
joseant
al
aparato,
dígame
– la
miró
y
le
guiñó
un
ojo
mientras
apretaba
el
aparato
en
su
oreja
y
se
reía
tosiendo
con
un
sonido
sordo
y
agudo.
Ella
lo
descubrió
en
ese
momento.
Tenía
razón.
Su
vida
nunca
sería
la
misma…
Continuará.
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