
Te he buscado tantas y tantas veces que hasta la cuenta he perdido. Hace tantos años que no te encontraba ni me encontraba a mi misma al buscarte con incesante insistencia que ya no sabía si quería encontrarte o no… no sabía si estabas ahí o habías desaparecido…
Muchas veces mantuvimos una conversación de Madre a hija, de Amiga a amiga, y siempre confié en que me escuchabas y en que tarde o temprano algún caso me harías… Pero el tiempo fue alejándote de mis inquietudes y de mis creencias, pero ayer, ayer te encontré de nuevo. Fue en una Avenida de Sevilla, una de esas que no frecuentas en tu salida anual a la Santa Iglesia Catedral… no sé qué ocurrió, te vi venir de lejos y un nerviosismo que no soy capaz de explicarme me recorrió cada milímetro de mi piel, se me erizó todo el cuerpo, y de repente te tuve delante, y tampoco sé cómo me miraste y te miré, y empezaste a hablarme como jamás pensé que lo harías ni que yo lo oiría… Y allí empezó todo…
Tus ojos me hablaban, tu mirada me aconsejaba, me decías que estaba bien, que por la que te pedía estaba a tu lado, y en ese instante me estaba viendo y me abrazaba, que se posaba en tus velas rizadas, y que estaba tranquila que no tenía de qué preocuparme, estaba tranquila y cuidando a los que la queremos tanto…
Dentro de mi algo ocurrió que me dejó tranquila y sosegada, sabía, porque Tú me lo decías que estaba bien y nos seguía queriendo como lo hizo en vida… Luego mis ojos ya no pudieron dejar de mirarte ni de llorar al verte, y de nuevo me hablaste, no me explico cómo, pero yo te oía… Ese diálogo ya me lo guardo para mí, y mi petición y mi súplica también se quedará para nosotras…
De repente comenzaron los aplausos, la devoción de unos fieles que se habían echado a la calle para recibirte en olor de multitudes, se desataron los sentimientos al ritmo de “¡Guapa, guapa!, que aunque no comparto estos alardes barrieros, supe vivirlo, no con la indignación que generalmente siento, sino con la compresión porque te tenía delante de mi y podía entender que esos gritos de alabanza tenían una razón de ser.
Recordé que hacía tiempo que no te veía cara a cara, mirándote a los ojos como lo hice anoche, y me embargó la nostalgia, la culpa por tenerte tan abandonada, sabiendo que Tú nunca lo hiciste. Me sentí parte de esa multitud que te aplaudía, que te rogaba, Esperanza, antes de que tu señoría se marchara rumbo a otros lugares donde dejar la Esperanza que dejaste ayer en mi… Querría haberte visto en el hospital pero ya no tuve fuerzas, sabía que no iba a ser capaz de soportarlo, ya eran muchas emociones y muchos sentimientos encontrados e inexplicables en unos instantes.
Se paró el mundo y allí estaba yo, rodeada de gente, pero sóla, mirando a los ojos a La Macarena.
(Post publicado en www.sevillanasmaneras.es)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada