
La Semana Santa para mi tiene algo mágico, y cada día guarda una magia especial. El Domingo de Ramos, el sol, el nerviosismo por ver la primera en la calle, los niños desde por la mañana con sus mejores galas, la Borriquita, día de Palmas y de reencuentros que se repiten año tras año bajo el mismo escenario; el cielo azul de Sevilla. Este año no ha sido diferente, el tiempo quiso dejarnos disfrutar de un espléndido Domingo de Ramos. Aunque el Lunes llegó la tragedia... Yo estaba trabajando cuando comenzaron a entrar clientes empapados en agua anunciándonos que estaba cayendo una manta de agua... No podía ser, el Tiro de Línea estaba en la calle, y El Polígono también... ¿qué habrán hecho? ¿Habrán continuado? ¿Se habrán mojado? Las noticias me iban llegando con cuentagotas a través de dires y diretes, pero cuando llegué a casa pude verlo con mis propios ojos... qué pena... los hermanos del Polígono empapaditos en agua y en lágrimas... Otro año tendrá que ser... Menos mal que las del final del día decidieron salir, y allí estaba Sevilla, volcada en la calle que se hizo fría de un día para otro, y al final de la noche, de nuevo la lluvia. Por twitter íbamos siguiendo los acontecimientos, hasta que se dio la noticia, salen las tres Hermandades resguardadas en la Catedral, por el camino más corto, cambiando itinerarios hacia sus templos. Y de nuevo allí estaba Sevilla...
El Martes para mi fue más tranquilo que otros años, el cansancio de tener que trabajar durante toda la semana comenzaba a causar estragos en mis piernas y en mi espalda, pero aún así no quería perdérmelo. Era todo un año esperando... Me encantó, como siempre San Benito, el Pilatos de regreso por calle Águilas, Luis Montoto hasta alcanzar su casa, donde le aguardaban cientos de vecinos de la Calzada. Y como no, Los Estudiantes, cofradía señera donde las haya. Un crucificado impresionante y un palio divino... Me encanta verla de vuelta por Plaza de la Contratación.
Del Miércoles, como siempre, vuelvo a quedarme con El Cristo de Burgos, a punto de entrar, en la Plaza de San Pedro, impresionante puesta en escena de esta Hermandad, que bajo mi punto de vista ha mejorado con el paso de los años.
Y llegó el Jueves Santo, vivido de un modo diferente, por nosotros los "fatiguitas" que no perdonan ninguna, pues con un carrito se ve otra Semana Santa, ni mejor ni peor, simplemente diferente, y es bonita vivirla, disfrutas con otras cosas, con nuevas experiencias para guardar entre las vivencias de tus recuerdos.
De la madrugá; mis armaos, mi Macarena, mi Sentencia, mi Gitano y mi Angustias... qué decir... me acordé tanto de quien no está este año conmigo, de quien se levantó tantas veces para verte, y para ver a su nieto vestido de nazareno con la túnica que ella misma le hizo con sus propias manos, y este año ya no estaba... Aunque me gustaba imaginar que estaba viendo todo desde un balcón privilegiado, al ladito mío, emocionándose conmigo...
Y llegó el Viernes, y para que fuese diferente, porque este año tenía que serlo, que ya le tocaba, salió el Cachorro bajo un cielo azul, sin una nube, sin un chubasco que enturbiara el momento...
Y el Sábado, para mí un día muy especial, salía La Esperanza, la Virgen de la Trinidad. Un impresionante palio y una Dolorosa aún más impresionante. Me emocioné de nuevo con Ella, con sus mecidas suaves, y se lo dediqué a ella, a la que este año me falta y nunca hubiera querido que así fuera...
En definitiva, esta ha sido una Semana Santa atípica, diferente a como suelo vivirla normalmente, con emociones distintas, con una tristeza muy profunda que me hacía emocionarme ante cualquier revirá, cualquier marcha, cualquier mirada...
(Publicado en www.sevillanasmaneras.es)
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